sábado, 24 de diciembre de 2016

La Guerra Fría a través del cine (IV): Que Rambo bendiga América



¡No nos dejaron ganar!

El efecto que tuvo la llegada de Reagan al poder en la moral estadounidense está fuera de toda duda. Después de sentirse humillado en Irán y culpable por las atrocidades en Vietnam, el país enfocó los años 80 de forma muy distinta, y el cine fue reflejo de ello. Es importante recordar que Reagan fue actor antes que político, de modo que su sintonía con el cine producido en su mandato no resulta trivial.


Javier Memba, en su Historia del cine universal, también señalaba que el cine estadounidense, desde mediados de los 70, comenzaba a presentar síntomas de agotamiento que cristalizaron en la década de los 80, en los que “la inventiva empezó a ser sustituida sistemáticamente por el alarde de efectos especiales y los derroches en producción”.

Sumémosle estos rasgos al patrioterismo característico de ésta década, y tenemos como resultado el cine de acción típico de los años 80. Sin embargo, es necesario conectar con la piedra de toque que permitió la transición de un cine crítico con la política exterior norteamericana hacia la celebración, de nuevo, de la guerra y de lo militar. Estamos hablando de Acorralado (Ted Kotcheff, 1982), protagonizada por Sylvester Stallone, que también intervino en el guión.

De esta forma, John Rambo (Sylvester Stallone) es el joven americano derrotado pero honrado del que hablábamos con anterioridad en referencia a Rocky Balboa, también encarnado por Stallone. Con la excepción que Rambo es un boina verde que ha vuelto de Vietnam, un soldado de élite, una máquina de matar. Como hemos visto en films anteriores, Rambo tiene problemas para reincorporarse a la vida civil, por lo que no puede hacer otra cosa sino vagabundear por Estados Unidos.

 Así pues, Rambo llega al pueblo de Hope (“esperanza” en castellano, denominación no casual), donde no es bien recibido por su pasado militar. El sheriff del lugar, Will Teasle (Brian Dennehy) le invita a irse, y ante la negativa de Rambo, le detiene por vagabundear y resistencia a la autoridad. En el calabozo, Rambo es golpeado por los agentes, lo que le hace recordar sus traumas de cuando fue prisionero de guerra. Rambo escapa a las montañas, donde se ve obligado a usar sus técnicas de guerrilla ante la persecución de la policía local. Al no conseguir capturarle, el sheriff Teasle llama a la Guardia Nacional. El antiguo superior de Rambo, el coronel Trautman (Richard Crenna), trata de disuadir a las autoridades de intentar capturarlo dado lo peligroso e inútil de la empresa, pero es ignorado.

Acorralado por las autoridades y atacado con armamento explosivo, cuando es dado por muerto, Rambo roba un camión de la Guardia Nacional y regresa al pueblo de Hope, con el fin de vengarse por lo ocurrido. Rambo se convierte en un ejército de un solo hombre, provocando graves destrozos en el pueblo, y trata de dar caza al sheriff Teasle. En el momento en el que va a culminar su venganza, el coronel Trautman da con él, lo que depara en un emotivo soliloquio de Rambo en el que expresa cómo la sociedad lo ha maltratado y el ejército se ha olvidado de él. “No nos dejaron ganar”, exclama Rambo entre sollozos. Finalmente, Rambo es abrazado por su coronel y decide entregarse, perdonándole la vida al sheriff.

Acorralado es una bola de rabia contenida que explota en un clímax final abrumador para el espectador. Este film abrió la puerta a la venganza y al desquite de los años 80, y permitió que el cine norteamericano se deshiciera de sus “complejos” pacifistas, herederos de la etapa de Carter. El público empatizó con el personaje de Stallone, hasta el punto de provocar la creación de una saga donde nunca había estado prevista.

En palabras del crítico estadounidense James Bernadelli: “En el libro [First Blood, de David Morrell, en el que se inspiró la película], Trautman, su mentor, mata a John Rambo. El final de la película se desvió del material original porque fue considerado demasiado oscuro. En el momento que Acorralado se rodó, no había intención de hacer secuelas, pero los realizadores creían que la audiencia había hecho una gran inversión emocional en el personaje principal como para eliminarlo, especialmente de la mano de Trautman, la única persona en la que él confiaba. Cuando la película hizo el suficiente dinero como para justificar su secuela, los ejecutivos de Orion debieron de estar satisfechos de haber dejado a Rambo vivo”.

Aquí andamos, pastoreando hippies...

Así pues, la secuela de Acorralado se estrenó tres años después, en 1985. La premisa de Rambo II (George P. Cosmatos, 1985) consiste en que Rambo (Sylvester Stallone, obviamente) es liberado de prisión por el gobierno para formar parte de una operación encubierta de alto secreto en Vietnam, siendo requerido por su mentor, el coronel Trautman (Richard Crenna).Dicha misión consiste en localizar un campo de prisioneros en el que todavía habría presos estadounidenses.

Si bien en la primera película vemos a un Rambo exorcizando sus demonios frente a su antiguo coronel, en esta película los aniquila por completo. No en vano, la cifra de muertes en pantalla asciende hasta 64 (habiendo sólo una muerte en Acorralado). Rambo II incluye escenas de acción de enorme vigor y eficacia, una gran cantidad de violencia, e incluso un romance con una chica vietnamita (que es asesinada por soldados del Vietcong hacia el final de la película, lo que hace arder todavía más la llama de la venganza dentro de Rambo).

El film fue un rotundo éxito de taquilla, solamente superada en ese mismo año por Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985), si bien no tanto de crítica. Rambo conectó de nuevo con el sentir de la sociedad estadounidense y con su presidente, Ronald Reagan. No en vano, Reagan elogió a Stallone por ser la personificación del ejército de Estados Unidos, llegando a afirmar que “tras ver Rambo anoche, ya sé lo que haré la próxima vez”, tras anunciar la liberación de 39 rehenes estadounidenses en Beirut. Es decir: los conflictos se solucionan mejor y más rápido por la fuerza y por la vía militar. 

Continuando con la línea de este cine de venganza, algo menos de un año después se estrena Delta Force (Menahem Golan, 1986). En esta película realidad, ficción y pirotecnia se entrelazan sin ningún pudor bajo la imponente presencia física de Chuck Norris. La acción comienza en el año 1980, momento en el que la Operación Garra de Águila, que tenía como objetivo rescatar a los rehenes de la embajada de Teherán, resulta un fracaso. En medio del caos y de la evacuación del equipo de Delta Force que estaba desarrollando la operación, el Capitán Scott McCoy (Chuck Norris), desobedeciendo órdenes, rescata a su compañero Peterson (William Wallace) del helicóptero en el que se encontraba, a punto de saltar por los aires. McCoy, poco después, se retira de los Delta Force mostrando su disgusto por los políticos y la jerarquía militar que forzó esa misión, dados los riesgos implícitos en ella (poco sutil crítica a la administración Carter). 

Cuatro años después, el ahora Mayor Mc Coy es requerido por el Coronel Nick Alexander (Lee Marvin) para intervenir en el rescate de un avión secuestrado. La película está vagamente inspirada en el rescate de los 39 rehenes de Beirut del que hemos hablado en párrafos anteriores. Si el avión secuestrado en los sucesos reales pertenecía a Trans World Airlines (TWA por sus siglas), en la película la aerolínea recibe el nombre de ATW. Un anagrama de lo más sutil. 

¿Peli basada en hechos reales? Check. ¿Chuck Norris en una moto con cohetes? Check.

La revista Variety afirmaba lo siguiente de la película de Menahem Golan: “dirigida con el acelerador bien abierto, sienta sus raíces firmemente en nuestra historia reciente, luego procede a reescribirla bruscamente, convirtiéndose a sí misma en un ejercicio de satisfacción para aquellos que prefieren el uso de la fuerza frente a la diplomacia”. Delta Force va un paso más allá en la sintonía con Reagan. Si bien Rambo II está ambientada en un campo de prisioneros ficticio, Delta Force se permite abrir con un dardo envenenado a la administración Carter, para a posteriori celebrar el uso de la fuerza para resolver una crisis que sucedió poco menos de un año antes de que se estrenara la película. El tono de docudrama, en algunos casos similar a lo que vimos en Boinas Verdes de John Wayne, subraya su labor cercana a la propaganda. 

En este contexto debemos situar también Águila de Acero (Sidney J. Furie, 1986) película que fue estrenada el mismo año de la intervención militar en Libia, tristemente célebre por la crudeza de los ataques de la Fuerza Aérea norteamericana. Doug Masters (Jason Gedrick), piloto civil, quiere seguir los pasos del legendario piloto de caza Ted Masters (Tim Thomerson), coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y que resulta ser también el padre de Doug. 

Doug es rechazado por la academia de la Fuerza Aérea, pero todo cambia cuando su padre es derribado en el estado árabe ficticio de Bilia (sí, otro sutil anagrama, en este caso de Libia). El coronel Charles “Chappy” Sinclair (Louis Gosset Jr.) está reuniendo un equipo de élite con el fin de organizar una misión de rescate para el coronel Masters, y decide confiar en Doug. El resentimiento hacia Carter sigue vigente. 

No obstante, la película está interpretada en clave de drama familiar, con Doug revelándose como un vástago digno de su apellido. Ciertamente, Doug pilota mejor cuando está escuchando rock & roll, de modo que la película regala algunas secuencias de combates aéreos con música rock de fondo. Aunque el mensaje de la película es claro, y su tono continúa cerca de lo propagandístico, Águila de Acero no resultó tan convincente como su homóloga protagonizada por Tom Cruise ese mismo año, de la que hablaremos en la siguiente entrada. I feel the need, the need for speed...


REFERENCIAS
Memba, J. (2008). Historia del cine universal Madrid: T & B Editores

Bernadelli, J. (2009) First Blood (United States, 1982). Reelviews, 10 de marzo. Disponible aquí.

Prieto, C. (2010). Rambo, el brazo armado de Reagan. Diario Público, 13 de agosto.
Disponible aquí

 Variety (1985), Review: The Delta Force. 31 de diciembre. Disponible aquí.



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